Odio que hoy nos hayamos reunido las 4 magníficas. Ni en el día de la graduación pudimos estar las 4, y hoy sí. Lo que son las cosas. Una fiesta no puede juntarnos a las 4, y la muerte sí. Pero para eso estan los amig@s. Para estar sobre todo en los malos momentos, como el de hoy. Al final el padre de mi amiga no ha podido superarlo. A estas hora debería estar en Madrid en la cena de navidad arcadiana. Y sin embargo, acabo de llegar a casa después de toda la tarde en el tanatorio. Podría haber salido antes, es cierto, pero mi ánimo no esta como para irme de fiesta, y lo que por nada del mundo querría es amargar a los que me rodean. Se que ellos lo entienden, Vivet (siento tanto no haberte visto este finde, para una vez que vienes a Madrid), Jerom y Lala (siento haberos llamado a vosotros, pero no sabía que hacer), Azcárate y Arslan. De verdad que lo siento, pero os aseguro que hoy no me habríais querido sentada a vuestro lado.

Y aqui estoy, llorando como una condenada por lo injusto que me parece todo. Esta mierda de vida, que cada día se me hace más difícil soportarla. Si me hubiera pasado a mi, os aseguro que me hundiría. Es más, no me ha pasado a mi, y estoy hundida en la miseria. No quiero pena ni compasión, sólo quiero dejar constancia de ello. Analizando las palabras que escribo, me doy cuenta que lloro ademas de por pena, por ira. Estoy furiosa. La ira y la rabia me corroen, y por esos las lágrimas no paran de salir. No me parece justo que la gente muera tan joven y de una forma tan agónica. He visto con mis propios ojos como sufre la familia en casos de cáncer inoperable, y desde luego no se lo deseo a nadie, porque lo he vivido en mi familia, por lo que verlo de nuevo en mi amiga, me ha revuelto. Sé que pasaría. Ella me ha preguntado si lo esperaba, que si me lo imaginaba, y aunque hubiera querido mentir por encima de todo, la mentira no ha salido por mi boca, y en ese momento me he sentido la peor persona del mundo. Y para colmo de los colmos, ahora llegan las navidades, época preferida del padre de mi amiga, que hasta se vestía de Rey Mago e iba con regalos a su casa, llevando regalos a todo el mundo, montando el árbol y la fiesta. Y mi amiga llorando por lo duro que será. El señor de la pipa, como le llamaban algunos de sus compañeros, ya no volverá, ya no estará disfrazado de Rey Mago para llevar sus regalos a sus hijos, sobrinos y su nieto.

Rebeca, lo siento tanto que no se expresarlo con palabras, ni con gestos. Se que es una herida que no se cerrará jamás, pero con el tiempo, cicatrizará y se hará mas leve. Sabes que tienes a mucha gente a tu lado para lo que necesites, sólo tienes que llamar.